

Fabricada a partir de un camión alemán que prestó servicios durante la Primera Guerra Mundial y posteriormente adaptado para el combate de incendios, esta máquina marcó un importante hito en la historia de la Tercera Compañía al convertirse en la primera bomba automóvil de su material mayor.
Fue puesta en servicio en 1923, permaneciendo activa en la Compañía hasta aproximadamente 1940. Con un peso cercano a las 10 toneladas, estaba equipada con un motor de petróleo, llantas macizas de caucho y una bomba centrífuga para el abastecimiento de agua en las emergencias.
Su diseño era característico de la época: la cabina carecía de techo y disponía de asientos dobles de madera a lo largo de la carrocería para el traslado de la dotación, reflejando las condiciones en que los bomberos prestaban servicio durante las primeras décadas del siglo XX.
Esta máquina representa el inicio de la motorización de la Compañía y constituye una pieza fundamental de nuestro patrimonio histórico.

