Viejos Estandartes de la Tercera

Estandarte del Batallón Cívico de bomberos Zapadores de Santiago y primer Estandarte 3ra Compañía de Bomberos de Santiago.

El estandarte, según la RAE, tiene raíz etimológica arraigada en el francés antiguo “standart”, y que a su vez esta palabra derivaba del franciano germánico antiguo “Stand Hardt”, o mantenerse firme.

A diferencia de la bandera, que es un paño de colores e insignias simples, generalmente pintadas o estampadas y cuadrilongo, el estandarte puede ser perfectamente cuadrado o rectangular, compuesto por bordados con relleno interior para darle relieve a la pieza, con borlas, flequillos e hilos de oro. Las banderas desde la antigüedad han sido utilizadas para diferenciar los bandos enfrentados, por ello se llama bandera. Mientras que el estandarte manifiesta la presencia y soberanía de una nación, cargo u organización.

Protocolarmente los estandartes lideran las columnas en las formaciones, y llevan por el forro anverso, pesos para sostenerle estirado y rígido, exponiendo así en plenitud su ornamento y haciéndole legible para los espectadores. Las banderas flamean mientras que los estandartes, salvo formaciones específicas, son salvaguardados ante las inclemencias de la intemperie.

El primer registro formal y datado de un estandarte es del año 106 a.C., cuando Cayo Mario escribe y promulga sus tratados de soldada, reformulando el ejército republicano romano. Entre las importantes reformas que consideró, como el salarium y la centuria, asignó a cada una de las centurias conformadas por distintas cohortes un “signum” portado por un “signifer”, este “signum” era una asta coronada por un águila de marte y rayos en diagonal, bajo las garras del águila se ponía el estandarte de la centuria, la cual llevaba distintivos particulares para diferenciarse del resto de las unidades. Tras la caída de la parte occidental del imperio romano estos estandartes cayeron en desuso hasta la coronación de Carlo Magno como emperador de los francos y de la cristiandad, quien por medio de la gracia de su investidura consignó a su corps de elite, o unidad de guardia imperial personal de caballería, estandartes, los cuales eran portados por los jinetes cuando el emperador se apersonaba en el campo de batalla.

 

Los viejos estandartes de la Tercera

Estandarte del Batallón Cívico de Zapadores Santiago

Aunque hay ordenanzas coloniales estipulando la disposición de odres de agua a las entradas de las casas en Chiloé y hubo intenciones por parte de los gobiernos de la patria vieja, formalmente no hubo ninguna organización seria para combatir incendios en nuestro país, hasta ya entrado el siglo XIX.

De las organizaciones del combate contra el fuego, en Chile no hay nada hasta la promulgación del decreto del cabildo de Santiago el 6 de diciembre de 1838, en donde se confirma la creación de una organización específica para combatir el fuego, siendo conformado de manera mixta por oficiales y suboficiales del ejército regular y 72 hombres fornidos de oficios coherentes con la tarea, los cuales recibirían un escaso sueldo por incendio trabajado, siendo finalmente denominado como el “Batallón cívico de Zapadores de Santiago”, organización que copió el reglamento de las brigadas contra incendios de París. Hay registros de este mismo tipo de organización en Valparaíso, que de manera similar tuvo paupérrimo desempeño en sus labores, llegando finalmente a disolverse al ser reemplazados por las organizaciones voluntarias.

El Batallón de la Bomba, como se le conocía popularmente, era ampliamente rechazado por su paupérrimo desempeño en sus labores, pues rara vez lograban apagar el fuego y salvar la estructura amagada, siendo muchas veces vapuleados, criticados y rechazados por la misma sociedad santiaguina, sumado al rigoroso sistema disciplinario que tenían, que iba desde los castigos físicos con golpes con huasca, hasta aprensiones por largo tiempo en el cepo.

Para 1851, este batallón se vio seriamente mermado a causa del acribillamiento recibido en el levantamiento de las juventudes liberales contra la candidatura conservador de Manuel Montt. Pues para el atrincheramiento liberal en el castro en la base del cerro Santa Lucía, y la confrontación de las fuerzas gubernamentales apostadas en lo que hoy es el frontis del archivo nacional, este desgraciado batallón entrando por la calle de las Claras, encontrándose con el fuego cruzado y una matanza enorme. Este hecho es el último clavo para la anunciada muerte de esta organización que rengueó agonizante hasta 1863, año en que es reemplazado definitivamente por el Cuerpo de Bomberos de Santiago.

De su estandarte podemos detallar que es un lienzo azul, con pintados en blanco y dorado. El color de fondo del paño se adecua al reglamento del ejército de 1843, donde se detalla que para los batallones cívicos el color de sus estandartes será de azul, mientras que para las unidades regulares del ejercito será rojo.

Tiene una estrella central, rodeada por la leyenda escrita en circular. Al centro de la estrella hay una rosa blanca en cuatrifolio, siendo esta flor la figura por excelente de representación de las organizaciones cívicas en Europa y por extensión, esta organización manada del ejemplo francés.

Este estandarte se exhibió en nuestro cuartel por tiempo no determinado en un amplio marco con vidrio, colgado a gran altura en el descanso de la escalera al segundo piso, limitando nuestro acceso al detalle que ostentaba. Acorde a la usanza napoleónica, los estandartes marchaban al campo de batalla, por lo que es posible contemplar que al menos una vez esta pieza estuvo presente en algún incendio de la época.

 

Primer estandarte Tercera Compañía de Santiago

Para la fundación del Cuerpo de Bomberos de Santiago existe un cargo designado de tareas específicas, además de voluntarios, que estos tenían Oficiales, auxiliares que eran dirigidos por el Cuartelero, estaban los “guías” o “abanderados”, que comúnmente resultaron ser menores de edad con un rango etario entre 12 a 16 años, que como tarea específica era la de portar las banderas de las Compañías, inicialmente en toda actividad en las cuales estas concurriesen, y a partir de 1883, únicamente en formaciones, premiaciones y desfiles.

Cabe recalcar que estos abanderados y guías se sometían al reglamento General y al particular de sus compañías, pudiendo usar el uniforme de su Compañía para los actos citados, y generalmente resultaban ser hijos de voluntarios de estas. Para la Tercera nuestros primeros abanderados fueron los hijos de nuestro primer Director, Henry Meiggs:  Maynor y Manfred.

Cabe recalcar que en la mayoría de los casos estos abanderados portaban astas con pequeños gallardetes, los cuales iban marcando la posición del Capitán de Compañía en el acto del servicio, así como de las bombas a Palancas, Vapor, y Gallos, además de las distintas secciones, siendo más que nada puntos geo referenciales para saber la ubicación del material, Oficiales y contingente más que una representación de la Compañía en sí.

Nosotros como Compañía mantuvimos estos gallardetes y banderolas, los cuales también eran parte de nuestras formaciones como Compañía a nivel de Cuerpo, hasta 1902, fecha en que desinteresadamente Juan Mateo Gatica, ciudadano hasta entonces sin mayor relación a la Tercera, ofrece donar un estandarte engalanado para las formaciones en que participásemos. Utilizando el escudo de la época, de un cóndor posado sobre dos pitones cruzados, un blasón con un casco americano de perfil y una corona de laureles rodeando el blasón, con detalles de flequillos dorados, felpa azul, seda del forro reverso y costuras en relieves con hilo metálico dorado y plata.

Este fue formalmente, nuestro primer estandarte, con el único y exclusivo objetivo de participar engalanando nuestras formaciones, dejando de concurrir al servicio y dispuesto acorde estipulaba el protocolo para presentarlo.

Su permanencia en el servicio fue desde 1902 hasta 1918, año en que don Luis Kappés donó un nuevo estandarte a la Compañía, de diseño minimalista, con un “3” dorado en relieve sobre fondo rojo, pasando el anterior a ser almacenado y con el tiempo enmarcado y exhibido.

El estandarte donado por el señor Gatica, entra en servicio en la Tercera en el mes de Julio de 1902, en conjunto con la puesta en servicio de la bomba a vapor Watterous “Clarita” y como manera de agradecer la donación de este particular ciudadano, la Compañía decide otorgarle a él, la calidad de voluntario de nuestra Tercera durante ese mismo mes y posteriormente, en agosto del mismo año, concederle el título de Voluntario Honorario de la Tercera.

 

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