



Tras la fundación de la Tercera Compañía, durante el primer semestre de 1864, arribó desde Boston, Estados Unidos, la primera bomba de palancas adquirida por el Directorio del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Fabricada por Hunneman & Co., fue encomendada a la naciente Compañía del Poniente como reconocimiento a la dedicación y entusiasmo demostrados por sus voluntarios durante los primeros meses de existencia.
Con un peso aproximado de 1.400 kilogramos, esta bomba era trasladada hasta los incendios mediante tracción humana. Su dotación la conducía utilizando una lanza frontal y cuerdas laterales, mientras el agua era impulsada por la fuerza coordinada de entre ocho y diez bomberos por cada costado, quienes sincronizaban sus movimientos al tradicional grito de «¡Fuego!» y «¡Agua!».
El material contaba con una entrada y dos salidas de agua, cuatro baldes de suela, mangueras del mismo material y era capaz de desarrollar una presión cercana a las 100 libras, permitiendo proyectar un chorro de agua a más de 15 metros de distancia.
Tras más de cincuenta años de servicio, la bomba fue retirada en 1915 y destinada a las antiguas bodegas del Cuerpo. En 1987, fue restaurada por don Tomás Rodríguez Peláez, permitiendo preservar hasta nuestros días una de las piezas más importantes del patrimonio histórico de la Tercera Compañía.

