
Mártir de la Tercera Compañía
Caído en Acto de Servicio – 3 de enero de 1918
Alberto Reyes Naranjo se incorporó a la Tercera Compañía el 30 de mayo de 1917. Tenía apenas veinte años y, en pocos meses, su entusiasmo y vocación de servicio lo llevaron a convertirse en uno de los mártires que forjaron la historia de la Compañía.
Durante la madrugada del 3 de enero de 1918, mientras descansaba en el cuartel de calle Santo Domingo, fue alertado de un incendio. Con el deseo de llegar rápidamente al lugar de la emergencia, abordó la bomba de la Décima Compañía, que se encontraba transitoriamente en el cuartel tercerino. Cuando el vehículo avanzaba por calle Estado, en la intersección con Agustinas, colisionó violentamente con el carro de la Duodécima Compañía que concurría al mismo incendio.
La violencia del impacto provocó que Alberto Reyes fuera proyectado desde la máquina, sufriendo lesiones de extrema gravedad. Tras ser trasladado a la Asistencia Pública, falleció a consecuencia del accidente, convirtiéndose en el tercer mártir de la Tercera Compañía.
La noticia conmocionó profundamente a los voluntarios del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Bomberos de distintas compañías acudieron al establecimiento asistencial para despedir a su compañero, mientras el Director Luis Kappés, el Comandante Luis Phillips y el Capitán Manuel Cordero comunicaban la dolorosa noticia a su familia.
Su padre, Luis Reyes, voluntario de la Octava Compañía, pronunció entonces una de las frases más recordadas en la historia del Cuerpo de Bomberos de Santiago:
«Si algún alivio puede haber para mi corazón en estos momentos, es el pensar que mi hijo ha muerto en el cumplimiento de sus deberes.»
Aquel mismo día, en un gesto de profundo compromiso con los ideales bomberiles, Luis Reyes Naranjo, hermano de Alberto, ingresó a las filas de la Tercera Compañía, dando continuidad al legado de servicio de su familia.
Alberto Reyes Naranjo permanece en la memoria institucional como ejemplo de juventud, entrega y vocación. Su sacrificio recuerda que el deber del bombero comienza desde el momento en que acude al llamado de la alarma y que el espíritu de servicio trasciende incluso el dolor, convirtiéndose en inspiración permanente para las generaciones de tercerinos.

