Tres minutos con la historia

Los Bomberos de Santiago y el cólera

Por Carlos Iturra Briones

El registro de nuestra historia guarda las muchas ocasiones en que nuestro país se ha visto azotado por todas las calamidades imaginables: terremotos, inundaciones, tsunamis, erupciones volcánicas, incendios de grandes proporciones, etc.  Hoy nos vemos enfrentados a una pandemia mundial conocida como Neumonía por Coronavirus o COVID-19 que se originó en diciembre de 2019 en la ciudad de Wuham, China Central.

Su aparición nos trae el triste recuerdo de la Epidemia del Cólera que afectó a nuestro país entre 1886 y 1888. Esta apareció a comienzos de octubre en Buenos Aires, Argentina, propagándose rápidamente a otras ciudades de ese país como Córdoba, Rosario y Santa Fe.

Fue inevitable que traspasara la cordillera y a fines de diciembre ya se decretaban estados de alerta en nuestro país. Ya habían existido epidemias de cólera en 1830, 1846, 1865 y 1883 y ante ellas, un optimista Andrés Bello señalaba: “El cólera no es probable que se presente en Chile, atravesando mares inmensos, ni que aparezca en el interior antes de haber visitado los puertos. Si este azote ha de recorrer la tierra, será Chile, según el orden natural, uno de los últimos países que lo sufran. Nuestro comercio es limitado; nuestra población escasa y esparcida; y si aparece en un punto, hay aquí más facilidad para aislar el mal y atajar sus progresos que en la mayor parte de las otras naciones del globo”. Sin duda eran otros tiempos.

Hoy la interconexión rápida de los viajes echa por tierra esta teoría. Pero volvamos a 1887. A mediados de enero el cólera ya había alcanzado a Valparaíso y luego a Santiago en el barrio de Barrancas. Muy pronto se conocían casos en Rancagua y en Rengo. Por el norte se desplazó hasta Freirina y por el sur hasta Valdivia.  Con el objeto preciso de asegurar la necesidad de acción y el cumplimiento de las medidas que se adoptaron para evitar la propagación del cólera, el gobierno creó el 7 de enero 1887 un comité ejecutivo para Santiago, el que estuvo integrado por el intendente, que lo presidía, el Arzobispo de Santiago, el Primer Alcalde, el Presidente de la Junta de Beneficencia, el Decano de la Facultad de Medicina, el Superintendente del Cuerpo de Bomberos y tres vecinos.

Una semana antes, el 1 de enero de 1887, el Cuerpo de Bomberos de Santiago era reunido en el Cuartel General y, puesto en antecedentes por el Director de la Segunda Compañía don Enrique MacIver de la gravedad de la situación, decide prestar su apoyo al gobierno y ponerse al servicio de la República tal cual ya lo había hecho en otras jornadas memorables como la guerra contra España y la Guerra del Pacífico. El gobierno acepta esta propuesta declarando conocer el valor de los bomberos, indispensable en esta situación, ya que la población era temerosa y a la vez ignorante de cómo enfrentarla. Los bomberos transforman las carretas en ambulancias agregándoles una lona para protección del sol y ante la negativa de los ciudadanos a conducirlas, son ellos mismos, con riesgo a su propia salud, quienes recorren las calles en busca de moribundos y cadáveres trasladándolos a lazaretos y al cementerio. También se les encomendó la tarea de vigilar las cantinas y proteger los pozos de agua. Poco a poco se fue apagando esta epidemia de cólera, que asoló a varias provincias del territorio nacional. Según datos del registro civil, 23.432 personas murieron víctimas de esta enfermedad, lo que era bastante para una población de 3 millones, aunque hubo otros que estimaron las pérdidas en 40.000 seres humanos. El Cuerpo de Bomberos regresaba a sus cuarteles con el deber cumplido.

Han pasado 133 años de esa tragedia y hoy la epidemia del COVID-19 vuelve a pintar aquellos días de temores e incertidumbres. Los bomberos de Santiago replican a los viejos de 1887 y se ponen firmes para defender a sus semejantes ante esta nueva amenaza. La Heroica Tercera está colmada de generosos hombres que acudirán sin desmayo ante cualquier emergencia, aún hasta rendir la vida, si fuese necesario.

Bomberos Tercerinos realizando guardia. Ilustración de Antonio Márquez Allison
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